Un punto de vista By Carlos Rojas
- Eitai Encuentro Internacional

- 28 jul 2025
- 4 Min. de lectura

En su edición aniversario, el Encuentro Internacional de Transdisciplina Artística e Investigación (EITAI) 2025, contará con la participación especial de tres países invitados: Colombia, España y México cuyas voces escénicas, se sumarán al diálogo crítico y transdisciplinario que ha definido a este espacio durante dos décadas. Del 3 al 9 de agosto, el Museo de la Ciudad de Querétaro será sede de una intensa programación que incluirá talleres, conferencias, espectáculos y muestras audiovisuales, consolidando al EITAI como un territorio de creación, pensamiento y experimentación que cruza fronteras desde una mirada mexicana, iberoamericana y contemporánea.
¿Cómo reseñar veinte años de historia sin reducirlos a una simple cronología de eventos? ¿Cómo traducir en palabras lo que ya no pertenece al tiempo lineal, sino a la memoria viva, al cuerpo compartido, a la persistencia?
Quizá haya que mirar dos veces, como decía Cesare Pavese: “Las cosas no se ven la primera vez. Solo la segunda. Entonces, las descubrimos y las recordamos.” Y es justo en esa segunda mirada donde el EITAI se revela no como un festival más, sino como un encuentro alternativo.
Fundado en 2005 en Querétaro, bajo la dirección de Jesús Noyola, el EITAI es mucho más que un evento escénico. En un contexto donde las políticas culturales desdibujan lo independiente, y lo teatral parece la norma para el arte alterno, este encuentro ha persistido como una proeza cultural. No ha sido la lógica del espectáculo ni el respaldo institucional lo que lo ha sostenido, sino una ética del hacer, del pensar y del resistir.
Noyola, al frente del proyecto, no actúa como un programador y productor convencional. Su figura se asemeja más a la de un tejedor de vínculos improbables, operando desde los márgenes donde el teatro se vuelve herramienta de lucha y pensamiento. Su curaduría es imponente: convoca en lugar de contratar, articula tensiones en lugar de satisfacer expectativas, abre preguntas en lugar de imponer respuestas. El EITAI no gira en torno a modas ni legitimaciones académicas: gira en torno a urgencias.
Desde sus inicios, este encuentro se ha consolidado como un territorio simbólico, ético y político donde confluyen prácticas escénicas alternativas, híbridas, comunitarias, rituales, performáticas y transdisciplinarias. Aquí, el teatro no busca consagrarse ni institucionalizarse; busca, más bien, mantenerse incómodo, eventual, permeable. La representación cede paso a la fricción; la forma se subordina a la pregunta.
Lo que se ha construido no es una programación, sino una comunidad teatral, afectiva y crítica. El EITAI es un laboratorio de pensamiento escénico, una plataforma de pedagogía indisciplinada, un espacio para el encuentro radical. Reúne artistas, creadores, investigadores, críticos y públicos que no se conforman con mostrar obras: quieren transformar la escena, el contexto, el lenguaje, la política del cuerpo, la sensibilidad compartida.
Uno de los aportes más potentes del EITAI en estos últimos años, ha sido integrar la crítica y la investigación como órganos vitales del proceso artístico, no como adornos intelectuales. Aquí pensar no es una tarea secundaria, sino un pulso vital. Investigar no es sólo teoretizar, sino crear condiciones para el riesgo. La crítica no juzga: interroga. La enseñanza no repite fórmulas: habilita lo desconocido.
Así, sus talleres —de dramaturgia expandida, performance comunitario, escritura crítica y pensamiento escénico— se han convertido en territorios de reconfiguración del lenguaje, el cuerpo y el gesto. No hay aquí capacitación técnica: hay desobediencia metodológica. El teatro no es producto: es pregunta. No es consumo: es convivio.
Contra todo pronóstico, el EITAI ha persistido. Sin blindaje institucional ni respaldo mediático, ha resistido gobiernos sordos, políticas desarticuladas, crisis económicas y pandemias. Pero, lejos de apagarse, ha respondido con reinvención: ediciones digitales, formatos híbridos, residencias nómadas, redes solidarias. Su fuerza está en mutar sin traicionarse.
Veinte años después, el reto no es conmemorarlo como un recuerdo. El verdadero desafío es evitar su extinción. El EITAI no puede volverse una fecha: debe seguir siendo espacio de tensión, contradicción e incomodidad. Porque cuando el arte escénico se vuelve cómodo, pierde su capacidad de transformación social.
Su legado no está en videos ni fotografías: está en los participantes que pasaron por sus talleres, en las obras que desbordaron sus salas, en las teatro-foros que todavía siguen abriendo el diálogo. Es una memoria activa que no guarda el pasado, sino que teje el presente. Una memoria que no se institucionaliza, sino que se activa cada vez que alguien vuelve a mirar el escenario.
El EITAI demuestra que es posible imaginar desde la periferia un teatro que no solo represente el mundo, sino que lo cuestione y lo reformule. Un teatro que no se conforme con sobrevivir, sino que transforme su precariedad en potencia crítica, su carencia en método, su incomodidad en horizonte.
En definitiva, el EITAI es revelación. Es esa segunda vez de la que hablaba Pavese: el instante en que algo vuelve no para instalarse, sino para exigirnos una mirada nueva. Cada edición es una insistencia. Un recordatorio de que el teatro, cuando nace del deseo colectivo, del pensamiento inquieto y del riesgo compartido, no sólo resiste al tiempo: lo transforma.
¡Celebremos 20 años del EITAI! No como una conmemoración cerrada, sino una apertura hacia lo que aún puede ser posible, una nueva forma de tejer en el futuro. (@mipuntocritico)
Cineasta, crítico teatral y de cine, escritor, productor independiente. Licenciado en Gerencia Teatral, mención: Producción, graduado en la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE). Estudió Cine en Contrain en Venezuela. Es el creador del blog de análisis, investigación y apreciación teatral, Mi punto de vista crítico. Ha participado como Asesor, Curador, Crítico Teatral y Jurado, en más cincuenta festivales nacionales e internacionales en países como Alemania, Argentina, Cuba, Colombia, EE. UU, Dominicana, México y Venezuela.


















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